martes, 21 de febrero de 2012

Teatro IX



Sede de El Club Slovo.

En la puerta dos coches de policía. Dentro cuatro agentes buscan información. Panfletos, impresoras, ordenadores, cualquier cosa que les pueda valer para acusar a los integrantes de Slovo como terroristas. Remueven cielo con tierra. Echan abajo los carteles que colgaban de las paredes. Las fotografías del Che, de Lenin, y de Marx quedan pisoteadas por el suelo.

Policía 1:

-Aquí no hay nada, esos cabrones se nos han adelantado. Tendremos que apretarle las tuercas a ese Salvador Brecht. Llama a la comisaría- se dirige a un subordinado, el que lo hace es el sargento de policía-, llama y dile al comisario que le den un escarmiento a Brecht, y que le saquen dónde coño han metido toda la información, todos los panfletos, los ordenadores, vamos, dile que estamos esperando, si nos dice que le apretemos las tuercas a los otros estaremos encantados de romperles los cojones a esos mierdas.

Comisaría, sala de interrogatorio.

Salvador Brecht está sentado ante la mesa. Frente a él el comisario fuma para mitigar su inquietud y su ansiedad. Brecht toma un sorbo de agua. En ese momento el policía que hay a su izquierda le propina un puñetazo haciendo que el vaso salte por los aires salpicando de agua toda la mesa y mojando el cigarrillo del comisario.

Comisario:

-¡Eres idiota, no ves que me has mojado el último cigarrillo! A ver si la próxima vez tienes más cuidado.

El policía sonríe como riendo la gracia y vuelve a golpear a Salvador Brecht, esta vez le da un directo en el mentón. Salvador cae hacia atrás en la silla.

Policía:

-¿Mejor ahora, jefe?- pregunta sonriendo mostrando sus dientes negros y picados.

El comisario se incorpora de la silla y se dirige a Brecht.

Comisario:

-A ver, amigo, sabes que al enemigo no le damos ni agua, ¿verdad?, pues a ver si colaboramos con los buenos de esta película y nos dejamos de heroicidades, que en estos tiempos no están de moda. Ya sabes lo que está de moda, ¿no?

El comisario envía al policía a por un paquete de cigarrillos. El policía sale de la sala y quedan solos Brecht y el comisario.

Comisario:

-Salvador, amigo, ya no estás para estos trotes, no creas que nos las vas a seguir gastando como lo hacías antes de llamarte Brecht, sabemos todo de ti, y también sabemos dónde está tu familia y dónde tus amigos, y espero que entres en razón y nos digas dónde habéis guardado todo el material que pensabais usar para fastidiarnos la fiesta de envestidura de nuestro alcalde- el comisario sonríe y pellizca a Brecht en la mejilla. Salvador Brecht guarda silencio, pero siempre mirando al comisario a los ojos, cosa que al policía le pone nervioso. Él nunca mira a los ojos a nadie, siempre anda cabizbajo, y mirando hacia otro lado por temor a ser descubierto en su mirada-. Te he dicho que hables o tendrás que lamentarlo- grita golpeando con el puño la mesa. Es incapaz de darle un golpe a Brecht porque este no deja de mirarle a los ojos y en esa mirada hay algo más que odio. El comisario siente miedo de esa forma en que Brecht lo mira. Sabe que el tipo que tiene enfrente se las gasta bien putas, si le das una oportunidad te manda volando por los aires a hacer compañía a san Pedro- piensa el católico y practicante de comunión diaria comisario.

Salvador Brecht rompe su silencio:

-No podrás jamás acabar con El Club Slovo, somos invisibles. Podrás coger a unos pocos, torturarlos, matarlos si quieres, pero nunca acabarás con el espíritu de libertad y lucha que nos mueve. El Club Slovo seguirá vivo, y lo sabes bien, lo sabía bien tu antecesor y sus compinches, y lo sabían bien el antiguo alcalde y sus acólitos y el obispo, y el presidente, y el papa. Todos lo sabían. Pero por muchos de nosotros que podáis vencer  no acabaréis con nuestro espíritu de libertad y de lucha, y algún día seréis vencidos y entregados a la verdadera justicia. Ningún crimen quedará impune ante la ley del Pueblo. Y ahora golpéame, mátame si quieres pero nunca acabarás con El Club Slovo.

El comisario al oír las palabras de Brecht se impacienta y descuelga el auricular del teléfono que hay sobre la mesa. Y grita:

-A ver, dónde coño se ha metido ese miserable que envié por tabaco. Lo quiero aquí y ya.

Cuelga sin atreverse a mirar a Salvador Brecht que no ha dejado ni un segundo de mirarle a los ojos. Al momento entra el policía con el tabaco y se lo entrega al comisario. Este le dice:

-¡Vaya hombre! Los he visto más rápidos. Voy a salir a tomar el aire. Dale a este lo que se merece. Pero cuidado, no quiero marcas.

Policía:

-No se preocupe jefe, es mi especialidad no dejar marcas.

El comisario sale y no puede evitar afrontar la mirada de Brecht, pero solo una milésima de segundo basta para que los ojos de Salvador Brecht le muestren lo que se le vienen encima al comisario.

-Duro con él- dice antes de salir.

Una vez en la calle, recibe una llamada de la patrulla que está registrando la sede de Slovo.

-¿Que no habéis encontrado nada?, ¡maldita sea, estos cabrones!; bueno dile al sargento que se ponga- da una calada al cigarro justo delante del cartel donde pone <<Prohibido fumar>>.

Sargento:

-Señor comisario, no hemos encontrado nada, bueno, solo las putas fotos de esos cabrones que esta gente tienen como héroes. Sí, las hemos destruido todas, sí, no ha quedado ninguna. Espero sus órdenes para el siguiente paso.

Comisario:

-El siguiente paso es eliminar a esos putos revolucionarios que nos van a joder el chiringuito, y no queremos que se nos acabe el chollo, ¿verdad?- grita el comisario.

Sargento:

-Claro que no, señor. Pero mire lo que están haciendo estos de Slovo, ve que la mecha no ha hecho más que encenderse y ya están en Valencia los jóvenes jodiendo en las calles a pesar de que les estamos dando bien duro. ¿Derechos humanos? Estos el único derecho que han  de entender es el la porra y el garrote vil, y al enemigo ni agua.

Comisario:

-Dejemos a nuestros compañeros en Valencia que hacen bien su trabajo y hagamos el nuestro bien aquí, muerto el perro se acabó la rabia. Tienes carta blanca, acaba con los cabecillas de ese maldito club. Y no regreses hasta que no haya quedado ni uno solo.

Casas de los cabecillas de El Club Slovo.

Toro Sentado, Peter Magnus, Avalon Breton, Proleto, Cialenva Preston, Nube Roja, y Caballo Loco, en sus respectivas casas hacen las maletas. Por el momento, su contacto en la policía les ha informado de que deben largarse por un tiempo. Están en peligro. La mayoría de ellos no tiene familia, son tipos solteros y solitarios que dejaron atrás hace tiempo todo vínculo familiar por la Causa, a sabiendas de que la Causa podría perjudicar a sus familias.

La lucha continuará desde la clandestinidad El Club Slovo está más vivoq ue nunca.

domingo, 19 de febrero de 2012

Ascenso y caída de don Andalucio. IX






















IX.


Que cuenta cómo "Poli" y Ana fueron brutalmente maltratados 
por "Mr. Boni" y Martín, y de cómo Bertolt Monreo comenzó a buscar al niño.


I.

Abre los ojos, campeón.

Ahí está. Bien hecho. Ahora mira aquí.

¿Cuántos hay? Bien. Podemos seguir. Tienes que ir a ver a un niño ahora.

No te preocupes: aún no lo han encontrado. Porque se han equivocado de Salvador.

Han encontrado a otro que se llama Salvador Romero.

"Poli" para su mujer y sus amigas de la peluquería del barrio.

II.

–Tú.

Mr. Boni no se anda con tonterías. Habla.

–Dime desde cuándo comenzaste a joder con tu mierda de club.

–¿Qué cojones de club ni hostias? –pregunta Poli.

Martín le recuerda que hable con respeto a la ley: ¡KromKatónKaifásKrack!

–Vuelve a intentarlo de nuevo –dice Mr. Boni–. Háblame de quién eres y quiénes son tus colaboradores. ¡Quien coño eres!

Esa pregunta no la sabe ni el mismo Poli.

–Yo soy Salvador...

–Eso ya lo sabemos –dice Mr. Boni escupiendo en el suelo del salón.

–Yo soy un pringa'o.

–Ya, eso también lo sabemos.

–Un mierda.

Ana mueve su cabeza al escuchar esta frase de Poli. Parece que está de acuerdo. Poli la repite: "Un mierda, simplemente eso. Un mierda que no sabe de qué va todo esto."

–¿Dónde están las prensas?

–¿Qué prensas? –dice Poli queriendo levantarse del sofá. Martín le empuja con su brazo. Poli se incrusta en el sofá como una chincheta en la pared–. ¡No sé nada de prensas! Yo estoy en paro y me dedico a pasarme el día tocándome las pelotas en casa.

Ana vuelve a confirmar con un movimiento de cabeza lo que acaba de decir Poli.

Mr. Boni hace un gesto con la cabeza a Martín.

Respuesta incorrecta, tarado...

–Bratislava ahora orda preparum paralelo viene... –le dijo Martín enseñándole el puño a Poli. Ana intenta decir algo.

–Poli no sabe nada –dice ella segura de sí misma.

–Creo que tendremos que partirle unas cuantas costillas a su mujer.

Martín no pierde el tiempo en esperar una confirmación a esas palabras de Mr. Boni. La tira al suelo y tronc tranc trun declinamus latina guarrás quema y apesta. 

–Habla.

Poli se echa a llorar y no puede más con su alma y Ana está sangrando en el suelo recién limpio que huele a aguarrás y parece totalmente una bella latina como Jenifar Lopa López ¿que no?

Mr. Boni se echa a reír a carcajadas. 


Y Martín lo imita. Es su simio. 


Suena el móvil. 

–Dime.

Martín, Poli, ustedes y (Ana duerme como un angelito) yo esperamos...

III.

Bertolt Monreo se incorpora en la cama del hospital. Mira a la ventana.

Parece que alguien le está haciendo señas de luces desde fuera. 

Hora de seguir la estrella de Oriente, campeón...

IV.

–¡Se van tal cual! –grita Poli viendo a Mr. Boni saliendo de la casa.

–Nos equivocamos de hombre –dice Mr. Boni sacando un cigarrillo–. Has tenido suerte, hombretón.

En el salón Ana sigue tumbada boca abajo: desmayada. Martín la está tocando.

–¡Eh, deja a mi mujer, animal!

Martín no escucha.

Mr. Boni ya reconoce esta escena cada vez que la escucha o la presencia.

–¡Que la sueltes, te digo!

Martín le propina un codazo que tumba a Poli contra la pared. 

Y comienza su ritual con Ana como es su costumbre. 

–¡Dos minutos, Martín! –le dice Mr. Boni desde la puerta mientras abre su teléfono móvil–. Ni uno más ni uno menos, ¿me escuchas? Esta vez no me tendrás haciendo el gilipollas cinco minutos como la otra vez.

Esto es demasiado horrendo para...

V.

Babilonia sexy por peque qui fuer fueris il black hole damsel ella carnaval di color che sano y marrano y joyciano y shakespeariano y Marlon Brando en París recuerda con vaselina baselona baseball pelota pelotas pelotudo pelota vasca contra rage against the machine...




martes, 14 de febrero de 2012

Teatro VIII



En la comisaría levantan acta sobre los detenidos. Y tras las pesquisas son puestos en libertad a espera del juicio. Los hombres salen, pero falta Salvador Brecht. Ninguno de ellos sabe qué ha sido de él. Solo saben que una vez en la comisaría fue conducido por un pasillo a una habitación.

-Tendremos que hacer algo- dice Toro Sentado-, no podemos irnos sin él.

-Pero, ¿qué podemos hacer?- pregunta Proleto que ha comenzado a sentirse parte integrante del grupo de cabecillas.

-Vamos a preguntar- dice Avalon Breton.

Se dirigen al mostrador que hay en la entrada antes de salir a la calle.

Policía:

-No pueden permanecer aquí, deben abandonar la comisaría al instante de ser puestos en libertad.

Toro Sentado:

-Está bien, pero queríamos saber del paradero de uno de nuestros amigos.

Policía:

-No podemos darles esa información. Váyanse y no se preocupen ya le soltarán.

Los integrantes del pequeño grupo se miran unos a otros sin saber qué hacer. Permanecer allí les puede resultar complicado y ya está bien por hoy. Antes de salir un policía se acerca a ellos.

Policía 1:

-Salvador Brecht ha sido detenido con cargos, así que no podrá salir esta noche tendrá que permanecer aquí hasta que el juez decida darle audiencia. Lo siento, pero no pueden permanecer aquí.

Peter Magnus que ha guardado silencio en todo momento rompe este mismo:

-¿Por qué a él lo han detenido con cargos y a nosotros no? Estábamos todos en el mismo lugar y todos hemos participado de la manifestación. Yo me quedo y de aquí no me moverá nadie.

Policía 1:

-Creo que será mejor que abandonen el edificio o tendremos que actuar y esto no les va a gustar nada.

Toro Sentado:

-Queremos ver a nuestro compañero, y no nos moveremos de aquí hasta que eso ocurra.

Policía 1:

-Está bien, veré qué puedo hacer, pero pasen a esa sala de espera, por favor.

El policía se retira y se pierde tras una de las puertas que dan al largo pasillo que desemboca en el hall de la entrada de la comisaría, a la derecha se encuentra una pequeña sala con unos pocos bancos de madera; allí esperan unas seis personas que por sus rasgos tres de ellas parecen árabes, dos podrían ser ecuatorianos y una, sin lugar a dudas, por sus rasgos debe ser del norte de Europa y es la única mujer que hay en la sala y sobre su pecho luce una tarjeta en la que podemos leer: Hellen Svensson, traductora.

Nuestros hombres entran en la sala, todos se dedican una mirada de reconocimiento. La chica que porta la tarjeta identificativa en el pecho se acerca al grupo y pregunta si puede ayudarles en algo.

Chica:

-Hola, mi nombre es Hellen, trabajo como traductora voluntaria aquí, puedo ayudarles en algo, perdón, tendría que haber empezado por el principio: ¿Hablan ustedes español?

Toro Sentado:

-Gracias, señorita, pero ya nos apañamos solos.

Chica:

-De nada señor…

Toro Sentado:

-Toro Sentado, perdone.

Toro Sentado y la chica comienzan una conversación, parece que se han caído bien. En esos momentos llegan dos policías y les piden a los demás que salgan de la sala, incluyendo a la traductora. Salen todos y quedan en la sala tan solo nuestros hombres: Toro Sentado, Peter Magnus, Avalon Breton, Proleto, Cialenva Preston, Nube Roja, y Caballo Loco, faltando Salvador Brecht del que todavía no les han comunicado nada. Los dos policías salen y cierran la puerta. Al momento las luces se apagan y la sala queda totalmente a oscuras. Para cuando las pupilas de nuestros hombres se han habituado a la oscuridad los golpes los han dejado en un estado de shock que no les deja reaccionar. Un grupo de policías en el número de diez se ha dedicado a golpearlos con toallas mojadas contundentemente hasta dejarlos exhaustos. Son esposados y conducidos a una furgoneta a la que son empujados. Luego tras un recorrido que puede haber durado unos treinta minutos han sido tirados, literalmente, en marcha, de la furgoneta que ha desaparecido por el camino. Nuestros hombres aturdidos por la paliza comienzan a percibir que acaban de ser arrojados en un descampado a unos cincuenta kilómetros de la ciudad. Están destrozados, adoloridos por los golpes y temen por la vida de Salvador Brecht al que han perdido la pista en la comisaría.

Peter Magnus:

-Hijos de puta, así es la justicia en esta democracia de mierda en este país de mierda lleno de cainitas y salvajes. Me tenía que haber quedado en Irlanda, pero yo no podía decidirlo, tenía solo ocho años cuando mi padre tomó la decisión de venir a la costa a probar suerte.

Toro Sentado:

-Tendremos que denunciar esto, no podemos quedarnos con los brazos cruzados.

Avalon Breton:

-Creo que ha llegado el momento de dispersarnos y actuar por separado, creando células por barrios, para poner en marcha un plan de acción, ya sabemos que los esbirros del poder nos darán tralla y lo peor es que no podremos denunciarles.

Proleto:

-¿Y el policía que decíais tener en la comisaría?

Nube Roja:

-Lo habrán cogido, seguro porque si no esto no hubiera ocurrido.

Nuestros hombres deciden regresar a la ciudad a pesar de sus cuerpos doloridos. Pero algo tienen que hacer. ¿Combatirán con las mismas armas que han sido tratados, o seguirán por el lado pacífico a pesar de saber que serán aporreados.

Toro Sentado:

-Me preocupa Brecht, si estos cabrones han sido capaces de hacernos esto a todos estando juntos qué no serán capaces de hacerle a él. Porque  se lo han llevado por considerarlo el jefe de Slovo. Pero alguien les ha tenido que ir con el cuento.

Tras una larga caminata, por fin avistan las luces de una urbanización, en ella varios bares ofrecen sus terrazas a sus clientes. Nuestros hombres deciden hacer un descanso. Toman asiento a una de las mesas. Hay pocos clientes y los que hay parecen no percatarse de la presencia del grupo. Viene un camarero y tas observarlos con un poco de asombro por el aspecto que muestran les toma nota y dice:

-¡Qué! ¿Se dio mal el partido?

Avalon Breton coge El Noticiero que hay sobre un estante. Lo hojea y se detiene en una noticia que le llama la atención y lee:

Sancionado sin empleo y sueldo un policía por su implicación con El Club Slovo

El Ayuntamiento de Fuengirola ha sancionado con cinco días sin empleo y sueldo a Pedro Roca, el policía municipal que apoyó públicamente al movimiento que encabeza El Club Slovo, y participó en varias concentraciones organizadas por este club en la Plaza de España, según han informado fuentes locales.

El Consistorio abrió el expediente hace unos meses, que se ha resuelto esta semana, porque consideraba que esta persona expresó su apoyo al Club Slovo "como policía y animó a sus compañeros a sumarse a este movimiento". Concretamente, se refieren a la participación de Roca en una asamblea del movimiento el 23 de julio, en el que autodenominó policía en contra del sistema.

El Consistorio se basa en el reglamento de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y en el propio reglamento de la Policía Municipal, que detalla que los agentes pueden manifestar sus ideas y opiniones, "pero no hacer uso de su calidad de policía para ello ni alentar a sus compañeros a sumarse a ninguna corriente política o social alardeando de su condición", han indicado las mismas fuentes.

De todas formas, la Dirección de Seguridad ha optado por imponer la multa mínima por este tipo de conducta, ya que está sancionada entre cinco días y seis meses de rescisión de empleo y sueldo por una falta grave derivada de un abuso de atribuciones. Por el contrario,  el Club Slovo que le apoya y que está recogiendo firmas en contra de este expediente lo considera un atentado contra la libertad de expresión por parte del Consistorio fuengiroleño.

Además aseguran que en esa asamblea, aunque el agente reconoció ser parte del club, "en ningún momento iba vestido con el uniforme ni presentó ninguna acreditación de dicha institución; por tanto, él habló como ciudadano, ejerciendo su derecho". En este sentido, creen que el único motivo por el que la Corporación Municipal quiere sancionarle es "por las diferencias ideológicas de este ciudadano y los representantes de este Gobierno municipal".

Toro Sentado:
La era de la “prosperidad” se acabó. El sueño del acceso al consumo y el avance, como se expresaba en el tríptico “alardeo, consumo, profesión”, de repente, se ha convertido en la peor de las pesadillas. Pero ahora ya no hay vuelta atrás. Los tiempos en los que los patrones exprimían a lxs extranjerxs en las granjas y la construcción, ese tiempo en el que presumías de ser voluntarix en los Juegos Olímpicos, pero tenías una señora de la limpieza de esclava del hogar, eso jamás volverá.La era de la “prosperidad” se acabó. El sueño del acceso al consumo y el avance, como se expresaba en el tríptico “alardeo, consumo, profesión”, de repente, se ha convertido en la peor de las pesadillas. Pero ahora ya no hay vuelta atrás. Los tiempos en los que los patrones exprimían a lxs extranjerxs en las granjas y la construcción, ese tiempo en el que presumías de ser voluntarix en los Juegos Olímpicos, pero tenías una señora de la limpieza de esclava del hogar, eso jamás v

-Estamos perdidos, la represión ha comenzado, ya no me duelen los golpes, me duele que ahora a todos nos van a perseguir, y no solo a nosotros sino a todos los que ellos consideren que tienen relación con nosotros, así no dejarán en paz ni a familia ni amigos. Esto no ha hecho más que empezar, me temo que habrá mucha violencia física, la psíquica ya la ejercen teniendo el control de las instituciones. La lucha será dura, cruenta y a muerte. Pero debemos luchar antes que aceptar la injusticia, antes de ser exterminados por ese atajo de cabrones sin escrúpulos. Si, chicos, se avecinan malos tiempos para la paz y buenos para la guerra.


El grupo se levanta y brinda entonando una canción:



Miren como nos hablan de libertad,
cuando de ella nos privan en realidad.
Miren como pregonan tranquilidad,
cuando nos atormenta la autoridad.

Que dirá el Santo Padre
Que vive en Roma,
que le está degollando,
a su paloma.


Miren como nos hablan del paraíso,
cuando nos llueven penas como granizo.
Miren en el entusiasmo, por la sentencia,
sabiendo que mataban a la inocencia.


Que dirá el Santo Padre
Que vive en Roma,
que le está degollando,
a su paloma.


Y que oficia la muerte como verdugo,
tranquillo está tomando, su desayuno.
Con esto se impusieran la soga en cuello,
el quinto mandamiento, no tiene sello.

Que dirá el Santo Padre
Que vive en Roma,
que le está degollando,
a su paloma.


Mientras más injusticias, señor fiscal,
más fuerza tiene mí alma, para cantar.
Lindo segar el trigo en el sembrao,
regado con tu sangre, Júlian Grimao.

Que dirá el Santo Padre
Que vive en Roma,
que le está degollando,
a su paloma.


lunes, 6 de febrero de 2012

Ascenso y caída de don Andalucio. VIII.


VIII.


Que cuenta cómo buscan a Salvador Brecht y sus primeras consecuencias.



–Tú.


El que habla es el policía Bonifacio Saltón. "Boni" para los amigos. El nombre se lo puso su jefe el comisario Arturo Robledo durante una sórdida noche en un burdel de Torremolinos. Él y "Boni" son uña y carne. Ahora vuelve a la carga, pero más fuerte y con más mala leche. 

–¡Eh, tú! ¡Sí, tú, tú! 

Es a ti.

–¿No sabrás por casualidad de un club llamado Slovo, verdad?

Será mejor que respondas o lo vas a pasar mal.

–Veo que tienes la boca cerrada como una maricona. Martín, enséñale a hablar, ¿quieres?

Te avisé. Ahora atente a las consecuencias.

Martín mide un metro noventa y cinco, tiene las espaldas de un estibador de Puerto Real y las manos curtidas del tamaño de un guante de béisbol profesional. Se acerca. Ya viene. ¡Será mejor que hables! El puño que estás viendo contra tu cara es una cabro...


¡KoradKoramKocoonKostias!

Tumbado. Te han tumbado, campeón. Lo que notas que te escuece como un hijoputa es tu tocha partida. Porque te han partido la tocha, campeón. 



Te lo dije. Será mejor que hables. 



Tienes que hablar. Ellos lo saben. Yo lo sé. ¡Maldita sea, hasta mi jodido perro Willy lo sabe y no se entera de una puta mierda! ¡Habla, no seas animal! ¿Es que no quieres salvar la vida? ¿Acaso los de Slovo te han dado trabajo, o les debes un puto favor? ¡No! ¡Pues habla YA!



Oh, oh...


Martín y el puño de Martín vuelven a traspasar el aire y el cabr...

¡KrakatoaThorMjölnirZeusJupiterKrakatoakromrumramzamzomBoomBoomBoom!

II.

Abre los ojos...

Sí, abre los ojos, campeón.

Te han partido la cara: ya tienes lo que querías. ¿Por qué no hablaste? Azul...

Sí, todo lo que tú quieras con el azul, pero has visto toda la gama de colores, créeme...

Sí, estás en el hospital. No, ahora no puedes hablar con Salvador. Será mejor que vuelvas a cerrar los ojos. Curioso la forma que tiene tu ex de aparecer en tus sueños cuando te han partido la cara: incluso jodido, viene la cabrona a joderte, ¿verdad? Ahora estará jodiendo con otro de sus mierdas. Al menos, te has librado de su mierda de misionero de siempre. La cabrona se movía menos que un segurata de discoteca en domingo. No, no te rías que es peor. Sí, dos costillas rotas. No, no te toques. Es mejor que vuelvas a dormirte. 

No, ahora no pienses en Martín y en Boni. 

Ahora toca dormir, campeón. 

Al menos, míralo de esta forma: no has sido un capullo molido a palos que ha acabado cantando y haciendo de soplón como tantos otros que comenzaron siendo unos valientes y acabaron siendo unos payasos. Por cierto, el que ves allí, frente a ti..., no, dos filas más allá. A ese también le ha partido la jeta Martín. Tienen la ciudad en llamas para pillar al hijoputa de Salvador Brecht y su jodido club de mierda ése. 

Tristemente, ese sí acabó cantando. Se llama Roberto López. El Cani para los colegas.

(Tú duerme ahora; yo me encargo de seguir el tema.)

(Azul, sí. Azul, hermano; azul y violeta..., eso es. A descansar. Duerme, angelito.)

III.

El garito donde el Cani se las da de listo se llama Bar Lorenzo. Pero como todos conocen al propietario Lorenzo Bassimo como "el Petas," el bar ha acabado conociéndose como "El Petas." Martín aparece detrás de Boni. Un par de hostias bien dadas y ya saben que un tal Salvador (el Cani no conoce su apellido) parece residir a una manzana del bar Petas. Boni y Martín se vuelven a montar en el coche. Tras quemar rueda lo último que el Cani ve desde la puerta del bar es una colilla que sale despedida de la ventana de Martín.

La colilla, que está encendida, le da en la frente. Un chispazo brota de su cara y el Cani cae finalmente al suelo, donde pierde el conocimiento y lo recoge, diez minutos después, cuando el peligro se ha esfumado, Lorenzo el Petas, que lo lleva al hospital.

–¿Qué...

La enfermera que hace guardia en el hospital no entiende cómo el Cani se ha podido hacer eso "cayéndose por las escaleras."

–¿Una borrachera? –dice Lucía, la enfermera. 

–Eso es –contesta el Petas nervioso.

–Mire, eso no lo hace una caída por borrachera. ¿Se ha creído que soy imbécil?

El Petas no sabe lo que decir.

Es un chico listo. La enfermera continúa:

–Deberé llamar a la policía.

–Mire, señorita –dice el Petas finalmente–. ESTO –dice señalando la cara de el Cani que tiene todo el aspecto de una fresa pasada por la Minipimer– lo ha hecho la policía, conque será mejor que haga su jodido trabajo y se calle de una puta vez.

Silencio.

Lucía es una chica lista. Registra a el Cani y deja pasar el tema. No hay nada como hablar claro en esta vida, ¿verdad?

IV.

Los que llaman a la puerta no están para hostias. 

Abre.

No te hagas el listo. Abre.

¿No ves cómo llaman a la puerta, joder?

–¡Váyanse o llamaré a la policía! –dice la voz acobardada de Salvador Romero, "Poli" para su novia. El apodo le viene de una vez que utilizaron la imaginación para reavivar su miserable vida sexual. Salvador, como es lógico, se disfrazó aquella noche de policía y folló a su mujer como nunca. Eso sí: aún se están riendo de lo lindo en la peluquería de mujeres donde Ana, su mujer, vive de permanentes, rulos y depilaciones axilares que quitarían el apetito a un gocho salvaje de los Picos de Europa.

Los que están en la puerta responden. Es "Boni" quien habla.

(No, usted no puede escuchar lo que dice, porque el corazón de Poli lo tapa todo).

Bum, bom.
Bum, bom.
Bum, bom.

Ahora dice Poli.

–¡Mirad, no quiero hostias! –grita Poli–. ¡No quiero jodiendas!, ¿entienden? ¡Yo no sé nada, joder!

Bum, bom.
Bum, bom.
Bum, bom.

–¡Que no, joder, que no! ¡No les voy a abrir! ¡NO SÉ NADA, JODER!

Bum, bom.
Bum, bom.
Bum, bom.

¡KrakatoaThorMjölnirZeusJupiterKrakatoakromrumramzamzomBoomBoomBoomJA!

Han tirado la puerta. Y se parten la polla de tu cara de gilipollas de yonki que tienes.

Y están sobre ti.

Y te llevan al jodido sofá.

Ana por fin se ha despertado (estaba de pastillas hasta las tetas, como siempre, ¿eh, Ana?)

La cogen de los pelos. Grita. La tiran contra el sofá. 

Los dos tembláis. No sabéis qué pasa.

Martín: (Iba a decir algo, pero se limita a partirse la polla de los dos gilipollas.)


Sí, ahora quieres hablar, ¿verdad, hermano? Poli quiere hablar pero está mudo.

Bum, bom.
Bum, bom.
Bum, bom.


Y Ana, tú quieres decir algo, ¿verdad, nena? No, no, cállate de una puta vez y deja de chillar o van a practicar el medievo con tu culo, nena. Sé lista: ahora tienes que callarte tu jodida bocaza de cotorra. Porque ahora los que hablan (sí, los señalo para que conste en acta) son: LOS DE AHÍ. El de la cara de Bulldozer y "Mr Boni" (así lo llama Martín siempre). 


Mr Boni ya está sacando un cigarrillo y sentándose junto a Ana, a la que sonríe burlonamente. "¿Por dónde queréis que comencemos la jodienda, parejita?," dice.

Chicos: creo que será mejor que comencéis a hablar.


Bienvenidos al infierno más cabrón de vuestras míseras vidas.